¿Quieres tomar un café con la ciudad vieja?

Urbanismo afectivo | Montevideo

Estamos en el año 2050 y estás sentado tomándote un café con la ciudad vieja. Y digo con y no en, pues en

principio no sabemos cómo o en qué situación existirá este lugar en 2050. ¿Qué le dirías en esa conversación?

¿Cómo la encuentras? ¿Qué dejamos de hacer en 2020? ¿Qué es lo que no veíamos? ¿Qué es lo que

escuchábamos? ¿Qué es lo que no apoyamos para vivir? ¿De qué teníamos miedo? En este futuro muy próximo,

quizás el puerto haya devorado a la ciudad vieja, quizás el nivel del mar haya ascendido como para modificarla,

quizás el abandono se haya apoderado de los inmuebles. Dependerá también de lo que decidamos hoy, para tomar

un café en 2050 con una ciudad patrimonial, social y ecológicamente radiante.

Urbanismo Afectivo es una aproximación singular a la hora de afrontar el sentido del urbanismo desde una

perspectiva donde la co-vecindad de lo diferente se entiende como un lugar posible y común. Donde lo personal y

lo colectivo se entrelazan. Donde lo social es un lugar común de personas, seres y cosas vivas. Donde observamos

los afectos que mueven a los proyectos y a las personas. Los afectos no son las emociones, ni los sentimientos, sino

un entorno práctico y teórico que sitúan un lugar posible colaboración y cooperación centrados en la potencia de

la acción, la pulsión de cambio y transformación, el lugar de las decisiones. Para con todo ello, hacer un urbanismo

afectivo con las personas, junto a otros seres y de las cosas vivas.

Vinculación Afectiva

El seminario es una forma de afectivizar el proyecto. Esto significa que desarrollamos en un primer momento el

vínculo afectivo que se va a definir para enraizar y situar el proceso de trabajo a seguir. Este proceso es un proceso

de escucha, de reconocimiento, de cuidado. Un lugar donde vamos a poder comprender desde donde se actúa en

los diferentes proyectos, comunidades y personas que mueven a las acciones. ¿Qué hay detrás de los procesos,

objetos y materialidades que vemos? ¿Por qué las cosas tienen el aspecto que tienen? ¿Por qué los encuentros son

así de alegres o así de conflictivos? ¿Por qué el urbanismo que despliega cada comunidad es de tal o cual manera?

Para comprender el despliegue de los afectos en la ciudad vieja, hemos observado las prácticas de cuidado urbano

y las prácticas de abandono, entendiendo que el abandono no es simplemente una ausencia de cuidado, sino una

práctica en sí misma. Si entendemos el cuidado, siguiendo a Tronto y Fisher, como “una actividad de especie que

incluye todo aquello que hacemos para mantener, continuar y reparar nuestro «mundo» de tal forma que podamos

vivir en él lo mejor posible. Ese mundo incluye nuestros cuerpos, nuestros seres y nuestro entorno, todo lo cual

buscamos para entretejerlo en una red compleja que sustenta la vida.”1 De esta manera, entendemos que el

urbanismo tiene también la potencia de cuidar o la actualidad de abandonar. Con personas que cuidan personas,

otros seres, cosas y la vida de las cosas.

No he visto una ciudad vieja vacía, sino una ciudad nueva llena.

Hemos explorado juntos lo que existe pero que no somos capaces de ver en un primer momento. Hemos

compartido espacios y tiempos con algunos proyectos de la ciudad vieja. Proyectos vivos, que pese a muchas

dificultades despliegan sus prácticas más allá de sus lugares. Hemos cartografiado su desarrollo en el cuidado

urbano que despliegan desde afectos muy específicos. Explorar como un concepto muy alejado de explotar. Un

urbanismo exploratorio para poder enraizar los procesos en lugares con un sentido de pertenencia múltiple donde

sea posible construir desde la co-vecindad de la diferencia. Esta forma de vincular afectivamente los proyectos pasa

por encontrar colaboraciones no solicitadas entre personas, colectivos e instituciones que están unidas por hilos

afectivos en continuidad. Para que esto pueda explorarse y ser motor de construcción de ciudad, necesitamos que

cada cual se exprese desde sus afectos concretos y específicos para que el desarrollo de un urbanismo afectivo

pueda suceder.

1 Fischer y Tronto “Toward a feminist theory of caring” Circles of care. Eds. Emily k. Abe and Margaret K. Nelson. Suny press,

Albany, New York. 1990.

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Desde este urbanismo no proyectamos, sino que observamos realidades, y esta observación es tan amplia que es

mucho más fácil detectar los proyectos que se imponen, las agendas que se actualizan, las materialidades que

pueden suceder, o los espacios que podemos conformar. El espacio no es un resultado o algo a priori en la cabeza

de alguien. El espacio se performa, es decir, se coproduce entre personas, objetos, tecnologías y otros seres en un

lugar y tiempo determinados. Y ya que esto es así, mejor si esa coproducción es afectiva y está vinculada a una

materialización más alineada en lo personal y lo común, pues la energía que vamos a poner es tan grande, que

cuanto más sintonizado esté con la interacción de los intereses personales y comunes mejor se enfrentarán las

dificultades.

La ciudad es una cosa viva, que vive de nuestra energía, es decir, la que consumimos para desplazarnos, para

movernos, para pensar, para actuar y la energía que captamos con nuestra alimentación, con el sol, es decir la

energía biológica. La ciudad vive de nuestra energía, por lo tanto, cuando somos conscientes de esto, es mejor que

diseñemos nuestros entornos de vida de una forma más equilibrada para que el balance energético sea positivo. El

urbanismo afectivo, prioriza un sistema de balance positivo para las personas, para los seres y las cosas.

Algunos afectos en Ciudad Vieja.

Describimos a continuación algunos afectos detectados en la observación de los proyectos de Ciudad Vieja. Como

ya sabemos, no hay afectos positivos ni negativos. Los afectos no son las emociones y, trabajar con ellos, es

enfrentarse a una descripción honesta de la realidad con las cosas mejores y otras por mejorar. Con los afectos de

por medio, todo se convierte en un aprendizaje para todas las partes implicadas.

Desesperación y frustración: Vemos que, sin una red afectiva fuerte, los proyectos pueden enfermar. Aunque haya

una buenísima voluntad, los proyectos pueden llevar tanto sacrificio personal, que pueden hacer enfermar a las

personas y a los propios proyectos. No así a los afectos que están detrás de ellos, como la voluntad de ayudar a los

niños de ciudad vieja a tener espacios deportivos y de esparcimiento de calidad en ciudad vieja. Por ejemplo con el

maravilloso proyecto del gimnasio Waston.

Crear vida: Any Paz, impulsora del proyecto Jardín Cultural Dinámico, ubicado en la azotea del Centro Cultural

Español, no tiene un huerto urbano, sino un jardín inmenso en su riqueza y su belleza. Existe en este proyecto una

capacidad de amor y sentir desde otros seres que es el principal afecto del proyecto. En este caso amor a las

plantas, los insectos y este pequeño espacio biofílico en el centro de Ciudad Vieja. Un motor de belleza

interespecies para ciudad vieja.

Ser compost: Como diría Dona Haraway, “se impone abrirnos a otros parentescos capaces de fermentar acciones

colectivas”. Por lo tanto, si desde el urbanismo afectivo podemos ser compostistas, hay un proyecto en ciudad vieja

que es una emergencia de este lugar desde el que partir. La cooperativa de viviendas Covipedro, es un proyecto

con capacidad de aglutinar, mezclarse y abrirse con otros seres y comunidades desde un proyecto personal para las

personas que lo forman, pero a la vez colectivo. Pocas cosas más personales que decidir el lugar donde uno quiere

vivir y formar su casa. Y a la vez, una potencia de albergar otras prácticas que están entrelazadas con ellas, como la

iniciativa emergente de compost ciudadano en el mismo predio que lo convierte en un terreno con vida. Seamos

compost y creemos nuevos parentescos aún por descubrir.

Amor: Desarrollemos un poco más ampliamente lo vivido en el proyecto de LCV para entender el urbanismo que

se practica desde la comparsa.

Leemos en el Facebook de la comparsa LCV2020 que toma patrones de la simbología africana Adinka y Berebere,

que expresan la conexión de lo visual y lo verbal. Sin ser ningún experto en comparsas, carnavales y cultura afrouruguaya,

vimos en el seminario una comunidad despierta que es capaz de transcender los intereses culturales y de

patrimonio inmaterial que ya posee, a la creación de una comunidad de personas, tambores, banderolas y plumas

que se cuida y cuida su ciudad.

La comparsa es un actor urbano de primer orden. Practica un urbanismo particular en Montevideo. Y ese

urbanismo es interescalar, se colocaliza en la ciudad y atraviesa los ámbitos personales y domésticos del día a día

para expresarse en la ciudad los días de carnaval en sus recorridos. Preguntamos a sus actores en nuestra visita, a

Omar y Daniela sobre que les movía el día del carnaval, expresado como un afecto colectivo de alegría y

celebración. “La casa se expande de adentro hacia afuera”. Y son precisamente todas las situaciones de apoyo

mutuo, con sus cosas buenas y la dureza del día a día, las que se expresan el día de la celebración. “El baile nos

atraviesa ese día”. El candombe y sus recorridos se convierten así en una celebración de lo cotidiano, lo que se

cuida cada día.

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Lo que hace que este proyecto no sea solamente una asociación cultural, sino una casa es su capacidad de acción:

“La casa trabaja para el barrio y no el barrio para la casa” decían. Y la casa es una familia en sus palabras. Un

lugar de cuidados más allá de lo cultural. “La casa no es solamente el lugar de la comparsa. Se vive con muchos

proyectos distintos en un lugar como este”. La casa es una comunidad de cuidados que se expande de adentro

hacia afuera, la casa deviene una forma de urbanismo2.

De esta manera, un proyecto como la comparsa, no es desde nuestras herramientas arquitectónicas y urbanas

solamente una entidad cultural. Sus materialidades, sus tambores, sus plumajes, el trabajo para hacerlo

manualmente, el tiempo que se invierte en su elaboración, el cuidado de los momentos, las protestas por lo que no

se considera justo, todo ello, todo, forma parte de ensamblaje urbano particular. Entender que el urbanismo que

propone la comparsa de ciudad vieja es un urbanismo familiar, doméstico, de cuidados, que de pronto se expande,

celebra y da color a la ciudad de Montevideo, es comprender su capacidad afectiva y lo que esto despliega más allá

de los límites de ciudad vieja.

Así, podemos poner sobre la mesa, que la recuperación de la ciudad vieja y el patrimonio debe propiciar y soportar

la creación de familias extendidas. Casas-familia como entidades híbridas entre lo personal y lo común que son

capaces de ampliar y extender los mejores afectos en la ciudad para un urbanismo de cosas vivas. Y todo el rato en

este pequeño texto sobre la comparsa y los demás proyectos, hablamos del afecto no mencionado y siempre

presente. Todos estos proyectos hacen las cosas desde el amor. El amor como el gran afecto que se puede

desplegar y potenciar desde el urbanismo.

Un café con la ciudad vieja.

Los futuros prototipos de recuperación de inmuebles vacíos y deteriorados que podemos elaborar juntos, serán el

resultado de un proceso de creación de hilos y ensamblajes afectivos capaces de reunir y de convocar todas esas

dimensiones juntas. La dimensión material, relacional y afectiva en un mismo lugar y tiempo en ciudad vieja. Si

logramos hacerlo podrá aparecer la magia y con ella, podremos tomar en 2050 un café con la ciudad vieja, y ver lo

que en este momento en 2020 se nos impuso como ejercicio y proyecto a realizar. No ya de una manera

innovadora, sino porque fuimos capaces de crearlo desde un lugar diferente, no desde la competición, desde la

ansiedad, desde el mercado, sino desde un ensamblaje afectivo de la diferencia en covecindad. Preparemos hoy las

condiciones para tomar un café en 2050 con la ciudad vieja, con una ciudad patrimonial, social y ecológicamente

radiante.

Mauro Gil-Fournier, Montevideo, febrero, 2020,

 

 

 

Agradecimientos: Este texto no sería posible sin la visión de Adriana Goñi, profesora de FADU y directora del seminario

Patrimonio Afectivo. También a Marcelo Danza por su acogida en la Facultad de arquitectura. A Silvana Pisano de la

Intendencia de Montevideo por su impulso. A Valerio, Leandro, Cecilia, Lucia por la alegría, el conocimiento y la sensibilidad de

trabajo de los días del seminario. A los estudiantes y a todas las personas vinculadas con los proyectos que hemos visitado y

reconocido en conjunto buscando nuevas formas de emparentarnos.

2 Gil-Fournier, Mauro. “Casas y familias extendidas. La arquitectura de las comunidades de cuidados”. En el libro: AAVV. Hacia

una arquitectura de cuidados. Ed. UrbanBat. Bilbao,2019. El artículo también está disponible en abierto aquí:

http://8festival.urbanbat.org/2019/09/18/casas-y-familias-expandidas-la-arquitectura-de-las-comunidades-de-cuidados/