¿Desde dónde investigamos?




Este texto fue solicitado tras los encuentros de doctorado a los que fui invitado en la ETSAM en 2019 para la posterior publicación en libro de título "PhD Cult. Investigaciones en proyectos arquitectónicos avanzados" Editado por la ETSAM y publicado por Ediciones Asimétricas, y que sin embargo, finalmente decidieron no publicar en el mismo. Fue escrito en Junio de 2019 y lo publicamos ahora como una reflexión abierta.



Me gusta compartir conocimientos diversos sobre la observación de la realidad. Me gusta intervenir de forma diversa sobre la realidad. Para mí, investigar es ese lugar que se crea desde el pensamiento · acción que nos permite ser nosotros en el día a día de la realidad en la que operamos.

Pero la cuestión que cada día es más vital para mí, es ¿desde dónde investigamos? Tuve el placer de acompañar en algunas sesiones críticas de doctorado a los investigadores. Cada uno con su propia realidad espacial, geográfica, conceptual y sus herramientas. Pero ¿puede verse el lugar desde donde investigan? ¿Qué es lo que podemos descubrir desde esos textos académicos?


Tendemos a pensar que nuestras investigaciones deben impactar[1], deben ser contemporáneas, deben situarnos como autores notables en el panorama investigador del diseño, el arte, el paisaje, la arquitectura y el urbanismo; y pendientes de todas estas cosas, nos alejamos de nosotros mismos para poder entender algo fundamental, que es: ser conscientes de saber desde dónde investigamos. Es decir, ¿Cómo podemos enlazar nuestra persona con las realidades a investigar?


En el momento que lo encontramos, podemos estar seguros de que generaremos un aprendizaje verdadero y por lo tanto transmisible, y no un simulacro de conocimiento o aprendizaje. Y no me refiero solo a tratar de investigar desde un conocimiento situado[2] , donde debemos poner en evidencia el lugar desde el que partimos y la subjetividad de quien lo emite. Sino de un lugar afectivo en la investigación. ¿Desde qué lugar afectivo estamos investigando? ¿Lo estamos haciendo desde el lugar del tutor, mentor o profesor? ¿Lo hacemos desde la necesidad de conseguir un título en nuestro expediente? ¿Lo hacemos para encontrar un lugar en el que brillar mejor? o ¿Lo hacemos desde un enraizamiento profundo de nuestras necesidades de aprendizaje? Seguramente un poco de todas ellas, y hacerlo así es un paso necesario en el camino que tomamos. Siempre tendremos aprendizajes de estos grandes lugares de pasos a los que damos tanta intensidad y energía como un master o una tesis doctoral.

Esta pequeña reflexión solo quiere hacer un llamado para ser más conscientes de los lugares desde los que investigamos. Nuestra relación con el objeto, campo de conocimiento, comunidades, de investigación. Sus afectos y afecciones. Y la posibilidad de reducir la distancia entre nuestra prácticas discursivas y no discursivas. Porque, ¿Qué es la investigación sino un lugar desde el que construir críticamente nuestras prácticas para avanzar en un conocimiento más inclusivo, abierto, complejo y que ayude a completar un pequeño lugar que antes se había pasado por alto? Para mí hoy, investigar es ese lugar que se crea desde el pensar-hacer-sentir que genera un afecto concreto y específico que hace avanzar el mundo del conocimiento. Y por supuesto, este afecto es una acción personal, colectiva y política, que nos permite ser nosotros en el día a día de la realidad en la que operamos.

[1] “La academia nos dice que tenemos que tener una hipótesis y un experimento o investigación controlada para que la ciencia suceda. Pero … entonces, ¿Quién se va a dedicar a observar la realidad no controlada, la vida, los sucesos en sí mismos. La observación es parte de la ciencia. Sin ella, ni si quiera podríamos inventar una hipótesis”. Extracto del documental “Oliver Sacks: una vida”. [2] Haraway, Donna. Ciencia, ciborgs y mujeres: la reinvención de la naturaleza Ed. Cátedra, Madrid (1995)